Tavolara, el reino que Mussolini destruyó

Cerca de Cerdeña hay una pequeña isla llamada Tavolara.

Pocos notarían este espacio de 5 kilómetros en el mar Tirreno si no fuera por una razón. Tavolara reclama ser uno de los reinos más pequeños del planeta.

Isla de Tavolara en Cerdeña

Es una más de nuestras paradas en nuestra serie de micronaciones.

¿Dónde está Tavolara?

Tavolara es la más importante de tres islas que forman un archipiélago al cual le da nombre, siendo las otras dos Molara y Molarotto.

El archipiélago de Tavolara, además, forma un parque marino protegido que también abarca varias rocas sin nombre y a la península Punta Coda Cavallo.

Mapa de Tavolara y su parque marítimo

Todas pertenencen a la provincia de Sácer, que abarca todo el norte de Cerdeña.

Historia de Tavolara

La isla se conoce desde la prehistoria, existiendo evidencia de la presencia del hombre gracias a pinturas rupestres, y el nombre más antiguo con el que aparece en la historia es el de Hermea.

La tradición dice que en el año 235 el Papa Ponciano, obligado a hacer trabajos forzados por el emperador romano Maximino, murió en la isla.

Las apariciones de Tavolara en la historia son pocas, y es que no solo es una isla pequeña, sino que tiene una orografía muy montañosa, lo que complica los asentamientos humanos.

Durante el medievo, marineros árabes la usaron como base de operaciones para saquear otros puertos del Mediterráneo, ellos la conocían con el nombre de Tolar.

Ya en el siglo XIX, fue visitada por Joachim Murat, militar francés que pretendió usar la isla como base para reconquistar, sin éxito el reino de Nápoles.

La visita de Murat nos dejó como noticia que, en 1815, Tavolara estaba deshabitada.

¿Nace un reino?

En algún momento después de esa fecha, Giuseppe Bertoleoni, un pastor nacido en la cercana isla de La Maddalena, se mudó a Tavolara con su rebaño y se convirtió en su único habitante.

De acuerdo a la historia que contó el propio Bertoleoni, la isla fue visitada en algún momento por el rey Carlos Alberto de Cerdeña, quien acudió con su hijo en un viaje de caza y tuvo la oportunidad de convivir con él.

Carlos Alberto habría quedado impresionado por la buena educación de este hombre, y lo declaró como rey de Tavolara, haciendo a la isla un país independiente.

Orografía de Tavolara

Bertoleoni, quien además era bígamo, se llevó a sus dos familias a vivir con él a la isla, y la historia familiar cuenta que cuando el gobierno italiano quizo perseguirlo por su bigamia, no pudieron hacerlo en virtud de la independencia concedida a su isla.

Al igual que ocurrió con Seborga, Tavolara nunca fue expresamente mencionada en los documentos de la Unificación Italiana, con lo cual se presumieron independientes. Pero aparentemente la isla si consiguió un documento firmado por Víctor Manuel II, mediante el cual Italia reconocía la independencia del lugar.

En Viajeros en Ruta buscamos alguna pista sobre este documento sin encontrar fuentes confiables, con lo cual pareciera que poco separa la historia de Tavolara como país independiente del mito.

Pero aunque este documento fundacional no aparezca en Internet, la isla tiene a su favor algo que muchas otras micronaciones no tienen.

Su existencia fue mencionada en más de una ocasión por la prensa del siglo XIX.

Aunque no encontramos que un artículo usualmente citado del Atlanta Constitution existiera (era un semanario que no se publicó el día citado), el reino aparece en al menos dos periódicos de enorme prestigio.

Una columna del New York Times en 1896 la reconoce como el país más pequeño del mundo (aunque recurre a fuentes secundarias).

El Boston Globe también hizo mención del país en al menos 8 artículos entre 1894 y 1928, fecha en que murió Carlos I, su primer Rey.

¿Fin del reino?

Tras la muerte de Carlos, el reino pasaba a su hijo, Paolo II, pero este se retiró de la isla para buscar empleo y le encargo el gobierno como regente a su tía Mariangela.

A la muerte de Mariangela, uno de los peores personajes de la historia italiana, Benito Mussolini dejó de reconocer los derechos de los Bertoleoni sobre la isla y la anexó a Italia.

Tras la derrota en la Segunda Guerra Mundial y la caída del facismo, la nueva república italiana tampoco reconoció la existencia del reino, y con apenas unas pocas decenas de habitantes, a nadie en el resto del mundo preocupó su desaparición.

Panorámica de la isla de Tavolara

Solo Paolo II y su familia decidieron pelear por su reino, que siempre han reivindicado, pero sin ningún éxito.

Italia no hizo nada con la isla hasta la muerte de Paolo II, cuando cedió gran parte de ella para una estación de la OTAN que ocupó la mitad de la isla, reservándola para uso militar.

Con esto, gran parte de los pobladores de Tavolara abandonaron su pueblo.

En 1979, el diario La Stampa reportó la muerte, con 100 años de edad de Laura Molinas Geremia Bertoleoni di Tavolara, la última princesa del reino, quien intentó recuperar su país con una demanda legal sobre el estado italiano, falleciendo sin ver su sueño concluido.

¿Qué ver en Tavolara?

La isla solo está habitada en verano, cuando puedes hacer viajes de un día en el ferry que sale desde Cerdeña.

Tavolara es en gran medida un paraíso natural, y de acuerdo a Tonino I, quien actualmente se considera rey de la isla, mantenerlo así fue la forma en que su familia logró recuperar su reino, pues resisiteron ofertas de todo tipo para fragmentarlo y hacerlo un paraíso del turismo masivo y el todo incluido.

Sus playas son las que atraen más gente, y dado que la zona fue nombrada un parque marino protegido, tiene espacios hermosos para hacer esnórquel y conocer su flora y fauna marina en viajes de ecoturismo.

En tierra firme la isla es muy montañosa, y es una delicia para quienes disfrutan del senderismo, para poder ver las cristalinas aguas del mar desde las alturas.

Ruta de senderismo en Tavolara

La Ferrata degli Angeli, Punta Cannone y el Occhio del gatto son los puntos más fotogénicos de la isla, y si eres muy aventurero, lo más lejos que puedes llegar es a Punta Timone, el espacio más alejado de donde llegan los ferries.

Dentro de estos caminos se pueden encontrar rocas con figuras especiales que reciben nombres como “el arco de Ulises”, la “Roca del Papa” y la “Gruta del Papa”, esta última una cueva con las pinturas neolíticas del lugar y ambas nombradas por la leyenda que pone en Tavolara la muerte de Ponciano I.

Alguna vez Tavolara fue hogar unos roedores llamados pikas de Cerdeña, que ya están extintos y de unas cabras que, según la leyenda, tienen dientes dorados por los líquenes que comen, y que serían las que atrajeron a Carlos Alberto de Cerdeña al lugar cuando inició su historia.

Al final de un camino arenoso, se llega al Ristorante di Tonino, donde puedes comer y hablar con el Rey, además de ver una fotografía de la familia real Británica con la realeza de Tavolara.

Camino a este restaurante, también se pasa por el cementerio de la isla, donde descansan los anteriores reyes.

Finalmente, y aunque no está propiamente en Tavolara, vale la pena mencionar a la cercana y pequeña Molara.

Es casi una isla prohibida, pues es propiedad privada, pero en algunas temporadas se permiten visitas para hacer senderismo.

Las rutas te pueden llevar a las ruinas de una iglesia medieval dedicada a San Ponciano, y que alguna vez fue parte de un pequeño monasterio.

El conjunto está en malas condiciones, pero es la única construcción histórica del archipiélago y su presencia hace más probable que el papa haya muerto ahí y no en Tavolara.

Futuro del país

Tavolara dejó de existir como nación, pero pasó al reino de las micronaciones.

Hoy Tonino I, el segundo hijo de Paolo II es quien ocupa el trono, dice ser feliz pescando y cuidando su jardín.

Su familia vive en la isla solo en verano, cuando reciben a los turistas que van a buscar sus mares, sin tener en su mayoría idea ninguna de la historia del lugar.

En invierno, todos se mudan a Porto San Paolo donde trabajan como pescadores.

No parece haber planes ni esperanzas de que Tavolara recupere su independencia perdida.

Pero mientras los Bertoleoni vivan allí, mantendrán viva la historia de su familia y del lugar que durante algunas décadas presumió de ser el país más pequeño del mundo.

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Francisco Fontano Patán
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